La noción milenaria del binarismo de género, que es claramente ideológica y no corresponde a la realidad objetiva, debe sustituirse por un no-binarismo realista, que puede expresarse como conjuntos difusos de género, formados por afirmaciones personales de identidades difusas. Una identidad difusa no se define por un sí o no, sino por un más o menos, desarrollado según una lógica informal o difusa.
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domingo, 5 de septiembre de 2010

Nadie pasa

Por Aimar Suess

“Nobody passes” (“Nadie pasa”)1 es una antología de experiencias escritas en primera persona sobre diferentes situaciones de “passing”, la imposibilidad de pasar o la decisión de no seguir intentándolo, no sólo respecto a la identidad de género, sino también en referencia a otras múltiples dimensiones de la identidad y sus intersecciones: la procedencia cultural, etnia, sexualidad, clase, edad, diversidad corporal, estatus de salud, subcultura… abriendo reflexiones diversas sobre la asimilación y desobediencia, adaptación y subversión, el pasar y no pasar.

Su lectura me suscitó la pregunta qué serían las experiencias de un passing / no passing en nuestro propio contexto cultural… y me hizo preguntarme a mí mismo sobre mis propias vivencias con la frase “nadie pasa”, como persona con una trayectoria de género divergente y experiencia transnacional.

Seguir leyendo... La primera cosa que me viene a la cabeza al escuchar la palabra “passing” no es el intento de “pasar” como chico trans, sino el esfuerzo frustrado de “pasar” dentro del género asignado al nacer. En los largos años en los que vivía una identidad de género no binaria sin disponer de referentes explícitos para autonombrarme (ya que el modelo biomédico de la transexualidad no me ofrecía un referente válido), me acompañaba la sensación de un esfuerzo de passing cuando me sentía obligado a representar el género asignado al nacer, cuyas reglas de juego me parecían ajenas y que no lograba reproducir con autenticidad. En estas raras ocasiones sociales, cenas de trabajo u otros eventos análogos, en las que se me pedía reproducir una “femineidad” explícita, tenía que revocar mi experiencia teatral (“la vida es puro teatro”, “life is drag”) para consolarme ante la obligatoriedad de ejercer una performance no elegida. Y el intento de passing dentro del rol femenino siempre fallaba, había algo que no parecía convencer en mi actuación.

En el momento de autonombrarme abiertamente como persona trans, sentí un alivio enorme al disponer de una justificación para negarme a esta performance de la femineidad. A la vez, le di muchas vueltas a las expectativas relacionadas con la identidad trans. Algo en mí se resistía a adaptarme a unas normas internas a la comunidad trans después de haberme negado durante años a las normas implícitas en el ejercicio del género asignado. Por esa razón, tardé mucho tiempo en cambiar mi nombre, dudé en vendarme los pechos y sigo planteándome si tomar hormonas o no. Esta autodescripción puede sonar como si estuviera “por encima” de cualquier intento de passing, lo que ciertamente no es así, porque en algún momento cambié mi nombre, me siento atraído por la estética de los pechos vendados de mis compañeros trans, a veces experimento cierto deseo por la testosterona y me cuesta distinguir en cada momento qué parte se debe a una elección propia y qué parte a una necesidad de formar parte.

A la vez, mi resistencia a seguir un “guión” prescrito cómo convertirme en persona trans, me ha llevado a unas experiencias no exentas de interés: El hecho de presentarme como persona trans a la vez de preservar mi nombre asignado al nacer hizo que, en más de una ocasión, personas –trans y cis- me preguntaran de dónde a dónde transitaba. Me sorprendió que la confusión que producía la no coherencia entre el nombre y la presentación como trans (que fallaba a la expectativa de que una persona trans con nombre femenino = mujer trans; una persona trans con nombre masculino = hombre trans) tuviera una influencia tan marcada en cómo se me “leía”. De alguna forma, esta “incongruencia” borraba y modificaba la percepción visual de mi cuerpo que podría dar pistas sobre este “de dónde a dónde transitaba”. En el fondo, la prevalencia del nombre –de la enunciación lingüística- sobre las características sexuales secundarias podría leerse como un argumento para cuestionar la obligatoriedad de la modificación corporal para “pasar”. O apoyar la frase de que la mejor forma de pasar es no intentar pasar…

A la vez, vari*s amig*s me han señalado que eso sólo era posible porque a) efectivamente transitaba de una asignación femenina a una masculina, aprovechándome de la existencia de un mayor margen, según su opinión, para las posiciones intermedias en el tránsito FtM o Ft* y b) mi aspecto un tanto andrógino ayudaba a que se pudiera plantear una pregunta semejante.

Mi tardanza en seguir las reglas de juego de lo trans (que a veces he sentido, ante mí mismo, no como una mayor valentía, sino como una cobardía en el camino de hacerme más visible como persona trans), curiosamente no me han llevado a ser menos aceptado dentro de la comunidad trans. Eso habla muy positivamente de una creciente apertura dentro del movimiento trans ante la diversidad de expresiones e identidades de género que exceden el eje pre- / pos-op. Podría hacer también una lectura de un cierto entrenamiento personal en el ejercicio de un “soy diferente, y qué”, forjado por otras dimensiones de mi trayectoria personal, y apoyado por un legado familiar de reivindicación de la diferencia (“nunca te adaptes a nada, puedes estar orgullosa de ser zurda, Leonardo da Vinci también lo era”). Un legado familiar que, ante todo, es reflejo de un cierto privilegio de clase, de un cierto capital cultural y social heredado en el que la no adaptación a las normas sociales podía leerse como una posición vanguardista y artística (“ser como Leonardo da Vinci”), en vez de como un hándicap.

Sea por lo que sea, me encontré con mucha apertura en la comunidad trans ante mi posición no binaria. E incluso, en los momentos en los que enunciaba que, quizás, estaba pensando empezar a utilizar un binder o a hormonarme, me encontraba, de forma reiterada, con la respuesta: “No lo hagas. Sería una pena que tú también lo hicieras”. Lo que muestra lo sutil que puede ser la línea que separa la exclusión del proceso de conversión en referente…

A la vez, me toca muy de dentro cuando alguien me devuelve haberme percibido como tal, porque yo mismo sigo buscando referentes de lo no binario, y cuando los encuentro, estos hombres con pechos y otros seres no clasificables, pienso con alivio: si esta persona existe, si este cuerpo existe, el mío también puede existir.

Al releer lo escrito, me acuerdo de uno de los textos del libro “Nobody passes” en el que la autora reflexiona sobre la tendencia de reinvención “maquillada” de nuestras propias narrativas, dejando fuera los aspectos poco lustrosos del ejercicio de “pasar” o “no pasar”. Desde luego, es muy fácil reescribir la propia trayectoria como ejercicio heroico de subversión ante las normas sociales.

En uno de los relatos, el autor, de religión judía, aparca su coche dos calles más allá cuando queda un sábado con otras personas de su comunidad, porque en Sabbath no se debe conducir... me parece que tod*s compartimos esta experiencia de actitudes de passing cotidianas, insignificantes y encubiertas… adaptaciones sutiles y hasta ridículas a los entornos sociales, espacios contraculturales y grupos de referencia en los que nos movemos y que nos gusta invisibilizar ante la autorrespresentación como personas libres de la necesidad de un passing…

Me pregunto en qué medida mi relato no representa un ejemplo de esta re-escritura maquillada del propio passing cotidiano, y qué serían mis momentos de aparcar el coche dos calles más allá…

Un relato de un chico trans mestizo me remite a otra experiencia relacionada con el passing en mi vida – la trayectoria transcultural y la resistencia a esta otra adscripción obligatoria y no elegida, la de la nacionalidad asignada al nacer. Al igual que el autor del texto, encuentro un cierto paralelismo entre ambas dimensiones del passing, y curiosamente me cuesta mucho más hablar de esta segunda dimensión.

En mi trayectoria transnacional, al igual que la transición en el género, tuve que luchar con el presupuesto de que el lugar de partida es el lugar de mayor familiaridad y cercanía (cuando a menudo sus códigos son más lejanos e incomprensibles que los elegidos) y enfrentarme con expectativas, proyecciones e atribuciones variadas, productos de la certeza infalible de aquellas personas que nunca han dudado pertenecer al lugar (y género) asignado al nacer.

Al igual de lo que cuentan algunas personas transexuales que no quieren ser reconocidas como tales y que notan que la compañía de otras personas trans dificulta su passing, a menudo hice la experiencia de que la forma de ser “leído” respecto a la procedencia cultural varía según quién estaba a mi lado. Curiosamente, mientras en la experiencia trans deseo ser más visible, en la dimensión transnacional me molesta que algo dificulte mi passing.

A la vez, de forma análoga a la experiencia trans, mientras nadie cuestiona el derecho –naturalizado- de encontrarse en el lugar asignado al nacer, la defensa del derecho de estar en el lugar de elección conlleva la necesidad implícita de justificación reiterada (“cómo es que te fuiste…”). Al mismo tiempo, el hecho de no querer ser identificado en la categoría asignada, para mí no significa querer adoptar automáticamente la categoría “de destino”. En este sentido, me siento más cerca de un “sin país” que de ninguna asignación nacional, al igual que me gustaría no tener que ver una V-M o una M-F en mi DNI.

A menudo he tenido oportunidad de tomar conciencia en qué medida una percepción de extrañeza respecto a mi género parecía reforzar una percepción de desconcierto en la lectura respecto a la pertenencia cultural: son aquellas personas que no saben encajar mi expresión de género que parecen necesitar “agarrarse” a la procedencia nacional como punto de referencia, preguntando por mi lugar de origen a falta de encontrar otro tema de conversación sin riesgo.

Por supuesto, al igual que en la dimensión de la identidad de género, la trayectoria sexual y la divergencia respecto a los modelos hegemónicos de relación, también respecto a la pregunta por la nacionalidad tengo una batería de respuestas preparadas (“soy de un planeta lejano”, “qué quieres, la respuesta corta o la respuesta larga” o “Cortázar tampoco sabía pronunciar la ‘r’”). Aún así, estas armas de autoafirmación subversiva no disminuyen la tristeza por las atribuciones ajenas y la aburrida necesidad de su deconstrucción continuada…

“Nadie pasa” – el título del libro que dio lugar a esta reflexión me devuelve una esperanza: como un passing perfecto es imposible, se abre todo un espacio de posibilidades para reivindicar el “no pasar”. Y todas las personas con las que me encuentro que se atreven a no pasar, todos los relatos sobre las alternativas al passing, me dan valor a continuar haciendo lo mismo…
1 Mattilda a.k.a. Matt Bernstein Sycamore (ed) (2006). Nobody passes: rejecting the rules of gender and conformity. Emeryville (CA): Seal Press.

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miércoles, 7 de julio de 2010

Octubre Trans 2010




Otro año más, Conjuntos Difusos participará en la Jornada Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans, convocada por la Red por la Despatologización Trans (Campaña STP 2012), a través de una acción que tendrá lugar en Granada el 23 de octubre de 2010.

Para participar en la preparación de la acción en Granada, ponte en contacto con: conjuntosdifusos[arroba]gmail.com.

Para más información sobre la Campaña STP 2012 y la Jornada Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans: http://www.stp2012.info/

Para más información sobre la acción en Granada: http://www.octubretransgranada.wordpress.com/

viernes, 25 de junio de 2010

Nota de prensa 25 de junio, Red por la Despatologización Trans

La Red por la Despatologización Trans exige que se retire el Premio Triangulo Rosa Año Trans a la UTIG de Madrid

Por un cambio del modelo de atención
en las “Unidades de Trastornos de Identidad de Género”

Desde la Red por la Despatologización Trans, recibimos con indignación la noticia de que COGAM otorga el “Premio Triángulo Rosa Año Trans” a la “Unidad de Trastornos de Identidad de Género” (UTIG) del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Consideramos muy grave que se conceda un reconocimiento de estas características a un equipo médico que trabaja en el marco de un protocolo patologizador y que expide certificados de “trastornos de la identidad de género” sin una postura crítica.
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Observamos una contradicción clara entre esta valoración positiva y la situación actual tanto de la UTIG de Madrid como de las otras unidades especializadas en el proceso de reasignación de género en el contexto español. Todavía hoy, estas Unidades no han expresado nunca su desacuerdo con el hecho de que la transexualidad esté catalogada como un trastorno mental. Lamentamos que la asociación COGAM, una asociación LGTB española, conceda el “Premio Triángulo Rosa Año Trans” a la UTIG del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y no sea capaz de reconocer el importante activismo trans español. Una de las principales exigencias del activismo trans en el mundo es que la comunidad médica deje de hablar en nombre de las personas trans, y que deje de considerarse la transexualidad como una enfermedad. Por ello nos parece muy grave simbólicamente que se conceda este premio a un equipo médico, que además no cuestiona la patologización de la transexualidad.

En un momento en el que el Gobierno español se ha comprometido a solicitar a la Organización Mundial de la Salud la eliminación de la transexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades, en las “Unidades de Trastornos de Identidad de Género” el acceso a los tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas de reasignación de género sigue dependiendo de un diagnóstico con terminología psiquiátrica. La persona trans que acude a la UTIG se encuentra expuesta a una evaluación externa sin certidumbre sobre la duración del proceso, y con un control de género por parte de algunos profesionales de esta unidad, que pueden dificultar sobremanera una relación respetuosa con el usuario. La función evaluadora del profesional de Salud Mental puede dificultar la expresión de posibles dudas y preguntas sobre el tratamiento. Constatamos que el protocolo de atención actual parte de un modelo de terapia tripartita que no recoge la diversidad de trayectorias y prioridades de tratamiento de las personas trans, además de seguir criterios diagnósticos basados en estereotipos de género obsoletos en la sociedad actual.

Por esas razones, pedimos que se retire de inmediato el “Premio Triangulo Rosa Año Trans” a la UTIG de Madrid y además se plantee urgentemente una reforma del modelo de atención seguido en las UTIG que debería incluir, pero no limitarse a un cambio de su denominación. En este sentido, demandamos:

• Un modelo de atención que no considere la transexualidad como trastorno mental o patología, sino que esté basado en el reconocimiento de la identidad de género y derecho de decisión sobre el propio cuerpo.
• El no seguimiento de los criterios diagnósticos actuales de “trastorno de identidad de género” establecidos en el DSM-IV y CIE-10.
• El libre acceso a las terapias hormonales e intervenciones quirúrgicas de reasignación de género, a través de un proceso de decisión compartida y consentimiento informado.
• Una atención personalizada que reconozca la diversidad de identidades de género y prioridades de tratamiento de las personas trans.
• La sustitución de la función evaluadora del profesional por un rol de información y acompañamiento en el proceso de tratamiento.
• La disponibilidad de un servicio de asesoramiento de carácter no obligatorio.
• La participación del movimiento trans en la elaboración de los protocolos clínicos y en la gestión de la atención sanitaria trans-específica.

Red por la Despatologización Trans, 25 de junio de 2010

Video: Manifestación Internacional de Lucha Trans e Intersex

Manifestación Internacional de Lucha Trans e Intersex

Stop Trans Pathologization

Barcelona, 5 de junio de 2010.

Organizada por: Red Internacional por la Despatologización Trans

Convocada por: TransBlock, Xarxa de Acció Trans-Intersex de BCN

Más información: http://www.stp2012.info/

miércoles, 9 de junio de 2010

Nota de prensa de STP 2012: Manifestación de lucha trans e intersex

Barcelona acogió este sábado la mayor manifestación contra la patologización de la transexualidad de la historia






Hoy, sábado 5 de junio, más de mil activistas trans de los cinco continentes se han manifestado en Barcelona para exigir la retirada de la transexualidad de los manuales de enfermedades.

En el marco del primer Congreso de Identidad de Género y Derechos Humanos que se desarrolla esta semana en Barcelona, hoy, sábado, ha tenido lugar una manifestación pública en las calles de Barcelona, convocada por la Red Internacional por la Despatologización Trans para exigir la retirada de la transexualidad de los manuales de clasificación de enfermedades.

La manifestación forma parte de la campaña STP 2012 que lucha para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) dejen de considerar la transexualidad como una enfermedad. Asimismo exigen al gobierno español la eliminación del diagnóstico de “disforia de género” y de un tratamiento médico de, al menos, dos años como requisitos para acceder al cambio de nombre y mención de sexo legal, regulado en la ley de identidad de género aprobada el 2007.

La campaña internacional por la despatologización de la transexualidad, Stop Trans Pathologization, ha tenido un alto impacto en la agenda del movimiento de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, logrando en octubre pasado manifestaciones en más de 40 ciudades de todo el mundo.

La manifestación contó con la asistencia de más de mil activistas de los cinco continentes y se desarrolló en un ambiente ampliamente participativo y culturalmente diverso. Concluyó en la Plaça de Sant Jaume con una performance y la lectura de un manifiesto a favor de los derechos humanos de las personas trans, la denuncia de la transfobia y la demanda de la despatologización de la transexualidad.


RED INTERNACIONAL POR LA DESPATOLOGIZACION TRANS


sábado, 29 de mayo de 2010

¿Qué es un macho? ¿Qué es una hembra?

Por Pablo Vergara

En estos días me están “obligando” a hacer una reflexión profunda sobre el sistema sexo-genérico. Para mí es muy fácil cerrar los ojos y decir “mi biología no tiene importancia”, o, como dijo Simone de Beauvoir “la biología no es destino”. Sí, mi cuerpo tiene unas características determinadas ¿Y qué pasa con ello? No le hago caso, eso no vale, lo que vale es el cerebro, los procesos de pensamiento, la lógica, los sentimientos. Puedo cerrar los ojos y no pensar más en ello. Simplemente.

Sin embargo, en el proceso de reflexión que se está viviendo dentro de la casa, me he encontrado con personas que dicen que la realidad sexo-genérica es algo que está ahí, que no se puede ignorar, que de algún modo nos condiciona, y no es una teoría o algo abstracto. La realidad de las diferencias entre machos y hembras es evidente, real, igual que también son evidentes las realidades intersex, que con su mera existencia invalidan la afirmación de que la humanidad está dividida únicamente entre hombres y mujeres.
Pensar sobre esto también me ha llevado a reconocerme como biologicista en otro punto. Soy biologicista porque me hormono. Necesito construir mi cuerpo dentro de una biología masculina para sentirme bien y tranquilo conmigo mismo, y en ese camino no me importa jugarme la salud, el dinero, el tiempo o la paciencia. Necesito que mi biología se acerque lo máximo posible a mi identidad de género. En parte por eso me hace daño aceptar el término “hembro”, que se utiliza en este proceso.

Me han hecho ver, también, que la postura de negarse a atender a la biología es biologicista, desde el punto de vista en que uno evita tratar los puntos de debate relacionados con la biología con la sentencia absoluta de “eso no tiene importancia”. Decir que la biología no tiene importancia por ser biología es tan determinante como decir que las hembras tienen que ser mujeres por ser hembras. Hace falta profundizar más.

Un amigo, que ha leído mucho más que yo sobre el tema, sostiene que la concepción de “macho”, “hembra” o “intersex” es una construcción cultural que se ha hecho a partir de la evolución de la medicina. Para ello suele apoyarse, entre otras obras, en “La construcción del sexo”, de Laqueur, que muestra como las representaciones de las diferencias sexuales entre hombre y mujer han ido variando en función de la ideología de la época, pasando de un modelo “unisexo”, en el que se consideraba que el cuerpo del hombre y el de la mujer eran iguales en materia (con fluidos parecidos, como la sangre, orina, leche, semen), y que sólo una diferencia metafísica hacía que las mujeres se desarrollasen de manera imperfecta en relación al desarrollo del cuerpo del hombre, que sí que era perfecto, hasta el modelo de dos sexos que es el que tenemos ahora, que diferencia, no sólo la forma de los genitales, sino el organismo entero.

De modo que el sexo, que nosotros damos como algo “natural”, “inevitable”, “de nacimiento”, es en realidad otro sistema de representación cultural. Él me lo explica, y también me lo explica la teoría queer, pero a la hora de la verdad, cuando yo intento explicarlo aquí, no soy capaz. Quizá me vendría bien leer algo más sobre el tema, porque al final siempre me doy de boca contra la evidencia de que, lo mires como lo mires, la diferencia física existe. Ya puedes decir que es un solo sexo que se desarrolla de manera más o menos perfecta, o que son dos sexos totalmente diferenciados… la gente puede estirar el dedo índice y señalar que somos distintos, como si jugásemos a un pasatiempo de “las siete diferencias”.

Así que tengo que reflexionar un poco más. Intuitivamente, desde mi desconocimiento del trabajo que han hecho otros autores, siento que la construcción del sexo no es tan real ni tan firme como me han dicho, pero lo cierto es que mi razón no es capaz de darme explicaciones lógicas que resulten convincentes. Y no puedo hacer caso simplemente a mi intuición, porque es evidente que el deseo profundo que albergo en mi corazón es huir de mi biología hacia una biología de macho. Tengo que fundamentarme bien.

Hay que empezar por el principio. ¿Qué es una hembra? ¿Qué es un macho? Es muy diferente preguntarse esto a preguntarse qué es un hombre o una mujer. Hoy en día, la medicina, cuando trata de evaluar la intersexualidad de una persona, atiende a tres características: cromosómica, genital y hormonal. Sin embargo, cuando se habla de hombres y mujeres, se atiende a siete características (más o menos una), que son: cromosómica, genital, morfológica, gonadal, hormonal, psicológica y psicosocial.

Imagino que los médicos deben considerar que tener en cuenta el criterio morfológico en los “diagnósticos” de intersexualidad es irrelevante porque la intersexualidad es “de nacimiento”, es decir, está presenté en el bebé recién nacido, y en ese aspecto la morfología de todos los bebés es igual. Sin embargo, las hormonas sexuales de todos los bebés también son iguales… O quizá la referencia a la morfología se omite porque se supone que “de forma natural” a unas hormonas dadas corresponde una morfología dada. O vaya usted a saber. Teniendo en cuenta lo interesante que es la morfología de las personas intersex más allá de la forma de sus genitales (que no siempre son ambiguos), me parece un descuido imperdonable omitir este criterio, que sin embargo sí se tiene en cuenta para hombres y mujeres. Como nuestra cultura no proporciona ningún género ligado a lo intersex, las características psicológica y psicosocial no se tienen en cuenta.

Tampoco debería tenerlas en cuenta yo, si quiero intentar entender qué es un macho o una hembra. Hagamos como que no hay ningún género asignado a estos conceptos, o será imposible distinguir entre hembra/macho y hombre/mujer.

La hembra normal suele ser una persona que tiene sus cromosomas sexuales XX, genitales claramente femeninos, hormonas femeninas, y morfología de mujer. Con el macho normal pasa lo mismo: todo coincide. El resto de combinaciones se ha designado como “intersex”.

El universo intersex se convierte entonces en algo fascinante, mucho más que los limitados conceptos de “macho” y “hembra”. Puede darse una persona con cromosomas XY, genitales femeninos, gónadas masculinas (internas) y morfología femenina. Puede darse una persona con cromosomas XX, sin vagina y con un clítoris hipertrofiado, que daría lugar a unos genitales parecidos a los masculinos, con gónadas femeninas, hormonas femeninas y morfología femenina. Pueden existir personas intersexuales con cromosomas XXY, XXXY, con o sin ambigüedad sexual, con o sin ambigüedad gonadal, con o sin ambigüedad morfológica, con o sin ambigüedad hormonal…

¿Y yo que soy? Tengo los cromosomas XX, y mis genitales son femeninos (aunque con un clítoris cada vez más hipertrofiado, que se asemeja a un pequeño pene y funciona de manera similar), tengo gónadas femeninas, pero mis hormonas probablemente ya son sólo masculinas (los andrógenos inhiben la producción de estrógenos, y hace meses que no menstruo), y mi morfología es más femenina que masculina, pero empiezo a desarrollar rasgos masculinos, como la voz más grave, el vello facial, mayor masa muscular, redistribución de la grasa corporal… eso sin contar con que mi altura y complexión físicas son grandes para mujer, y normales para hombre, especialmente ahora que estoy en Ecuador. Reúno en mí características de ambos sexos. ¿Soy intersex?

La respuesta es que no, porque la intersexualidad es una característica adscrita sólo al nacimiento. Uno puede “crearse” hombre o mujer, pero no puede crearse macho o hembra, igual que no puede crearse intersex. Intersex es una condición sexual.

¿Qué sería un hombre transexual que se hubiese hormonado durante años, se hubiese extirpado sus órganos reproductores y se hubiese sometido a una faloplastia o metaidoioplastia? Cromosomas XX, genitales masculinos, hormonas masculinas, gónadas inexistentes y morfología masculina. ¿Se le puede seguir considerando “hembra” en base a que conserva los cromosomas XX? Entonces ¿habría que considerar macho a la persona XY que teniendo una insensibilidad natural a los andrógenos se desarrolla en un fenotipo femenino? Ah, no, estas personas son intersex.

El sexo, pues, está ligado al momento del nacimiento. En más de una ocasión he leído “se puede cambiar (o reasignar) el género, pero no el sexo”. Porque el sexo es un sello de nacimiento. El sexo son las características que uno tiene al nacer, y de nada sirve que a lo largo de la vida de una persona, esa persona vaya cambiando las características “sexuales”. Siempre quedará un rescoldo, un vestigio, algo de lo que no se pudo deshacer, algo que no pudo conseguir, ya sea un código genético determinado, o la imposibilidad de desarrollar gónadas de una determinada clase. A eso nos agarraremos para seguir diciendo “eres hembra, igual que cuando naciste”.
De este modo, el sexo está adscrito a la persona desde el nacimiento, porque culturalmente no se permite el cambio. La tecnología y los avances médicos y quirúrgicos no pueden convertir a una hembra 100% en un macho 100%, pero si pueden convertirnos en intersex, en personas que tienen partes femeninas y partes masculinas. Desde este punto de vista, el cambio de sexo sería real. Sin embargo, esto es algo no permitido, pues el acceso a la intersexualidad, como ya he indicado, es un privilegio de nacimiento.

Esto es también un hecho cultural. Posiblemente en una cultura distinta, o en un planeta alienígena se podría eliminar la existencia de la intersexualidad flexibilizando los conceptos de “macho” y “hembra”, y adscribiendo a las personas intersexuales en una de esas dos categorías, en función, por ejemplo, de a qué sexo se pareciesen más (de hecho, así suele ser como se adscribe a los intersex en un género u otro). En esa cultura más flexible, podría ser posible cambiar de sexo cuando las características de la persona se pareciesen más a un sexo que al otro, siempre que se considerase que las características “construidas” son tan válidas como las “de nacimiento”.


Nuestra cultura no es así. Como si fuésemos un automóvil que sale de la fábrica con un número de bastidor, número que permanece inmutable a pesar de todos los cambios que se hagan en el coche, a nosotros al nacer se nos asigna un sexo, que, por cierto, depende tan solo de la forma de nuestros genitales (lo cual puede mover a error en algunos casos, pero de eso no se habla). Ese sexo es nuestro número de bastidor. No importa que con el paso del tiempo ya no quede más que una o dos características que justifiquen la asignación a ese sexo, lo que importa es que fue el que se nos asignó al nacer, grabado a fuego, imposible de cambiar. El sexo se considera algo natural, es más… es nuestra naturaleza. Y lo natural no puede ser cambiado por el ser humano, porque sólo lo puede cambiar Dios. La Ley de la Naturaleza está por encima de nuestras posibilidades.

Los seres humanos, que hace ya millones de años que dejamos de estar atados a la naturaleza, insistimos en creernos ligados a la naturaleza en tan sólo dos aspectos: el nacimiento y la muerte. Lo que es “de nacimiento” no se puede cambiar, es natural. La muerte también se considera algo natural… como si hoy en día no dispusiésemos de tratamientos médicos que logran prolongar nuestras vidas mucho más allá de los dictámenes de la naturaleza.

La muerte existe, y las diferencias morfológicas también, pero ya no son tan naturales como antaño. Igualmente, los kilómetros siguen teniendo la misma longitud que antaño, pero lo que antes eran distancias casi insalvables, hoy gracias a la tecnología, se pueden recorrer en sólo unas horas. El mundo es ahora del mismo tamaño que era en el S. XVIII, pero los aviones, los trenes de alta velocidad, e incluso los motores de los automóviles y las carreteras asfaltadas, tan lisas, lo han vuelto mucho más pequeño.

¿Y cómo influye el sexo en la persona? ¿Yo sería diferente si en el día
de mi nacimiento los médicos hubiesen dicho “es niño”? Sin duda lo sería. Mi biografía sería totalmente distinta. En realidad, ni siquiera sería yo… Pero también sería diferente si en lugar de nacer en España hubiese nacido en Afganistán, o en Canadá, o en Australia, o en Japón…

Una amiga dice que en realidad quienes somos es un diálogo entre la biología y la biografía. No podemos poner todo el peso en la biología, porque entonces seríamos solo machos o hembras, y punto. No podemos poner todo el peso en la biografía, porque entonces seríamos ángeles, espíritus incorpóreos… Nos vemos obligados a mantener un diálogo constante entre nuestro cuerpo y nuestra mente, y esto no es sólo válido para las personas transexuales, sino para todos. Para las personas que, llegada una cierta edad, siguen sintiendo su mente viva y ágil como siempre, pero su cuerpo torpe y dolorido. Para las personas que son bellas por dentro y poco atractivas por fuera. Para el auxiliar de contabilidad que en sus ratos libres practica deportes de aventura y ha visto paisajes con los que otros tan solo sueñan.

Hay otro factor que hoy me ha hecho ver un amigo de aquí, que es el del “palimpsesto”. El palimpsesto es una la práctica que se llevaba a cabo en la edad media, y que consistía en borrar los textos de los libros y escribir otras cosas sobre ellos. Mi amigo hace una analogía entre el palimpsesto literario y la forma en que los demás escriben y reescriben sobre nosotros ciertas cosas que nos configuran. Las trenzas que mi madre me hacía en mi infancia, la admiración que sentía por mi abuelo, la forma de comer, las tradiciones familiares, la presión de mis compañeros de clase, el amor hacia las personas que me querían como chica, la diferente forma de tratar a hombres y mujeres, que me iba dibujando por debajo de la piel surcos que nadie veía, el combate interno librado constantemente en mi mente, y el decir al final “pues no”.


De modo que el diálogo entre la biología y la biografía no incluye sólo la forma de nuestro cuerpo, nuestras preferencias y nuestras decisiones, sino lo que otros han hecho de nosotros, de forma consciente o inconsciente. Y esas letras que otros han dibujado sobre nuestros cuerpos dependen en mucho de nuestra biología.

La biología influye sobre nuestra autopercepción, y también sobre la percepción que los demás tienen sobre nosotros. La percepción de los demás influye también sobre nosotros. Nuestras decisiones influyen sobre nuestra biología. Tal vez, tratar de investigar qué parte influye cómo en nosotros mismos es un planteamiento erróneo. Quizá debemos considerarnos, más bien, como un ecosistema, en el que un pequeño cambio varía el todo, y donde no hay una parte más importante que otra, aunque a primera vista parezca que sí. De este modo, si queremos comprendernos a nosotros mismos, no habrá que partir desde el biologicismo o el no biologicismo, sino desde un ecologismo bien entendido.

viernes, 28 de mayo de 2010

Encuentro TILGB en Guayaquil, Ecuador

Encuentro académico TILGB "Fobias a las diversidades sexuales" en Guayaquil, Ecuador, con motivo del Día Internacional por la Homofobia y Transfobia, 17 de mayo de 2010, con Pascal Hannoun y Jorge Santana, activistas transmasculino e intersex del Proyecto Transgénero, Quito.

Más información en: www.proyecto-transgenero.org y www.generofluido.wordpress.com

Pascal Hannoun






Jorge Santana