La noción milenaria del binarismo de género, que es claramente ideológica y no corresponde a la realidad objetiva, debe sustituirse por un no-binarismo realista, que puede expresarse como conjuntos difusos de género, formados por afirmaciones personales de identidades difusas. Una identidad difusa no se define por un sí o no, sino por un más o menos, desarrollado según una lógica informal o difusa.
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miércoles, 13 de octubre de 2010

Día Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans en Granada



Un año más, Conjuntos Difusos participa en el Día Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans, convocado por la Red Internacional por la Despatologización Trans (Campaña STP 2012), bajo el lema "Las identidades trans no son una enfermedad".

Conjuntos Difusos realizará las siguientes actividades en Granada en apoyo a la Campaña Internacional STP 2012:

Jueves, 21 de octubre de 2010

Mesa redonda con la participación de integrantes de Conjuntos Difusos.

Lugar: Salón de Grados, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad de Granada, c/ Rector López Argueta s/n, Granada.

Hora: 19 hs

Sábado, 23 de octubre de 2010

Concentración y performance

Lugar: Plaza de las Pasiegas, Granada

Hora: 13 hs

¡Ven y participa!

Para más información sobre la Campaña Internacional STP 2012: www.stp2012.info

sábado, 9 de octubre de 2010

3º Encuentro Europeo Trans de TGEU en Malmoe

Miembros de Conjuntos Difusos estuvieron participando en el 3º Encuentro Europeo Trans, organizado por Transgender Europe (TGEU) durante los días 30 de septiembre a 3 de octubre de 2010 en Malmoe, Suecia.

Durante el Encuentro, un grupo de activistas trans de Turquía sufrieron en dos ocasiones ataques transfóbicos y racistas, así como un trato discriminatorio por parte de la policía.

Desde Conjuntos Difusos, condenamos la violencia transfóbica y racista que experimentaron nuestr*s compañer*s. ¡Tenéis todo nuestro apoyo!
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Para leer la declaración que aprobaron l*s participantes del encuentro en condena de los ataques y del trato policial (texto en inglés): entrar aquí.

Además, adjuntamos una descripción más detallada de los hechos (extracto traducido de la declaración):

El martes un grupo de jóvenes acosó a l*s activistas de forma transfóbica y racista cuando est*s entraban en un restaurante. A la salida, l*s activistas fueron atacad*s físicamente por este mismo grupo, que les lanzó huevos. En un momento dado, los agresores también restregaron un huevo en la cara de una de l*s activistas. La policía no respondió adecuadamente ante la denuncia de este caso de violencia.

A la mañana siguiente, Transgender Europe y RFSL solicitaron una investigación apropiada. Sin embargo, cuando l*s activistas fueron entrevistad*s por la policía más adelante en la tarde, se les realizó una serie de preguntas inaceptables y ofensivas respecto a su identidad de género y su derecho a estar en Suecia. Además, el uso incorrecto de nombres y pronombres violó la dignidad de l*s activistas. Con su comportamiento, la policía hizo que l*s activistas se sintiesen intensamente vejad*s y humillad*s.

Otro acto de violencia transfóbica tuvo lugar más tarde, el viernes por la noche, cuando l*s activistas estaban en el Crown Nightclub y un cliente abofeteó a una de ell*s en la cara. Después de que l*s activistas se quejaran, el personal del bar ordenó abandonar el local a l*s activistas trans, sin cuestionar al agresor. A estas alturas l*s activistas ya no confiaban en que la policía fuese a dar una respuesta correcta y no denunciaron este segundo incidente.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Nadie pasa

Por Aimar Suess

“Nobody passes” (“Nadie pasa”)1 es una antología de experiencias escritas en primera persona sobre diferentes situaciones de “passing”, la imposibilidad de pasar o la decisión de no seguir intentándolo, no sólo respecto a la identidad de género, sino también en referencia a otras múltiples dimensiones de la identidad y sus intersecciones: la procedencia cultural, etnia, sexualidad, clase, edad, diversidad corporal, estatus de salud, subcultura… abriendo reflexiones diversas sobre la asimilación y desobediencia, adaptación y subversión, el pasar y no pasar.

Su lectura me suscitó la pregunta qué serían las experiencias de un passing / no passing en nuestro propio contexto cultural… y me hizo preguntarme a mí mismo sobre mis propias vivencias con la frase “nadie pasa”, como persona con una trayectoria de género divergente y experiencia transnacional.

Seguir leyendo... La primera cosa que me viene a la cabeza al escuchar la palabra “passing” no es el intento de “pasar” como chico trans, sino el esfuerzo frustrado de “pasar” dentro del género asignado al nacer. En los largos años en los que vivía una identidad de género no binaria sin disponer de referentes explícitos para autonombrarme (ya que el modelo biomédico de la transexualidad no me ofrecía un referente válido), me acompañaba la sensación de un esfuerzo de passing cuando me sentía obligado a representar el género asignado al nacer, cuyas reglas de juego me parecían ajenas y que no lograba reproducir con autenticidad. En estas raras ocasiones sociales, cenas de trabajo u otros eventos análogos, en las que se me pedía reproducir una “femineidad” explícita, tenía que revocar mi experiencia teatral (“la vida es puro teatro”, “life is drag”) para consolarme ante la obligatoriedad de ejercer una performance no elegida. Y el intento de passing dentro del rol femenino siempre fallaba, había algo que no parecía convencer en mi actuación.

En el momento de autonombrarme abiertamente como persona trans, sentí un alivio enorme al disponer de una justificación para negarme a esta performance de la femineidad. A la vez, le di muchas vueltas a las expectativas relacionadas con la identidad trans. Algo en mí se resistía a adaptarme a unas normas internas a la comunidad trans después de haberme negado durante años a las normas implícitas en el ejercicio del género asignado. Por esa razón, tardé mucho tiempo en cambiar mi nombre, dudé en vendarme los pechos y sigo planteándome si tomar hormonas o no. Esta autodescripción puede sonar como si estuviera “por encima” de cualquier intento de passing, lo que ciertamente no es así, porque en algún momento cambié mi nombre, me siento atraído por la estética de los pechos vendados de mis compañeros trans, a veces experimento cierto deseo por la testosterona y me cuesta distinguir en cada momento qué parte se debe a una elección propia y qué parte a una necesidad de formar parte.

A la vez, mi resistencia a seguir un “guión” prescrito cómo convertirme en persona trans, me ha llevado a unas experiencias no exentas de interés: El hecho de presentarme como persona trans a la vez de preservar mi nombre asignado al nacer hizo que, en más de una ocasión, personas –trans y cis- me preguntaran de dónde a dónde transitaba. Me sorprendió que la confusión que producía la no coherencia entre el nombre y la presentación como trans (que fallaba a la expectativa de que una persona trans con nombre femenino = mujer trans; una persona trans con nombre masculino = hombre trans) tuviera una influencia tan marcada en cómo se me “leía”. De alguna forma, esta “incongruencia” borraba y modificaba la percepción visual de mi cuerpo que podría dar pistas sobre este “de dónde a dónde transitaba”. En el fondo, la prevalencia del nombre –de la enunciación lingüística- sobre las características sexuales secundarias podría leerse como un argumento para cuestionar la obligatoriedad de la modificación corporal para “pasar”. O apoyar la frase de que la mejor forma de pasar es no intentar pasar…

A la vez, vari*s amig*s me han señalado que eso sólo era posible porque a) efectivamente transitaba de una asignación femenina a una masculina, aprovechándome de la existencia de un mayor margen, según su opinión, para las posiciones intermedias en el tránsito FtM o Ft* y b) mi aspecto un tanto andrógino ayudaba a que se pudiera plantear una pregunta semejante.

Mi tardanza en seguir las reglas de juego de lo trans (que a veces he sentido, ante mí mismo, no como una mayor valentía, sino como una cobardía en el camino de hacerme más visible como persona trans), curiosamente no me han llevado a ser menos aceptado dentro de la comunidad trans. Eso habla muy positivamente de una creciente apertura dentro del movimiento trans ante la diversidad de expresiones e identidades de género que exceden el eje pre- / pos-op. Podría hacer también una lectura de un cierto entrenamiento personal en el ejercicio de un “soy diferente, y qué”, forjado por otras dimensiones de mi trayectoria personal, y apoyado por un legado familiar de reivindicación de la diferencia (“nunca te adaptes a nada, puedes estar orgullosa de ser zurda, Leonardo da Vinci también lo era”). Un legado familiar que, ante todo, es reflejo de un cierto privilegio de clase, de un cierto capital cultural y social heredado en el que la no adaptación a las normas sociales podía leerse como una posición vanguardista y artística (“ser como Leonardo da Vinci”), en vez de como un hándicap.

Sea por lo que sea, me encontré con mucha apertura en la comunidad trans ante mi posición no binaria. E incluso, en los momentos en los que enunciaba que, quizás, estaba pensando empezar a utilizar un binder o a hormonarme, me encontraba, de forma reiterada, con la respuesta: “No lo hagas. Sería una pena que tú también lo hicieras”. Lo que muestra lo sutil que puede ser la línea que separa la exclusión del proceso de conversión en referente…

A la vez, me toca muy de dentro cuando alguien me devuelve haberme percibido como tal, porque yo mismo sigo buscando referentes de lo no binario, y cuando los encuentro, estos hombres con pechos y otros seres no clasificables, pienso con alivio: si esta persona existe, si este cuerpo existe, el mío también puede existir.

Al releer lo escrito, me acuerdo de uno de los textos del libro “Nobody passes” en el que la autora reflexiona sobre la tendencia de reinvención “maquillada” de nuestras propias narrativas, dejando fuera los aspectos poco lustrosos del ejercicio de “pasar” o “no pasar”. Desde luego, es muy fácil reescribir la propia trayectoria como ejercicio heroico de subversión ante las normas sociales.

En uno de los relatos, el autor, de religión judía, aparca su coche dos calles más allá cuando queda un sábado con otras personas de su comunidad, porque en Sabbath no se debe conducir... me parece que tod*s compartimos esta experiencia de actitudes de passing cotidianas, insignificantes y encubiertas… adaptaciones sutiles y hasta ridículas a los entornos sociales, espacios contraculturales y grupos de referencia en los que nos movemos y que nos gusta invisibilizar ante la autorrespresentación como personas libres de la necesidad de un passing

Me pregunto en qué medida mi relato no representa un ejemplo de esta re-escritura maquillada del propio passing cotidiano, y qué serían mis momentos de aparcar el coche dos calles más allá…

Un relato de un chico trans mestizo me remite a otra experiencia relacionada con el passing en mi vida – la trayectoria transcultural y la resistencia a esta otra adscripción obligatoria y no elegida, la de la nacionalidad asignada al nacer. Al igual que el autor del texto, encuentro un cierto paralelismo entre ambas dimensiones del passing, y curiosamente me cuesta mucho más hablar de esta segunda dimensión.

En mi trayectoria transnacional, al igual que la transición en el género, tuve que luchar con el presupuesto de que el lugar de partida es el lugar de mayor familiaridad y cercanía (cuando a menudo sus códigos son más lejanos e incomprensibles que los elegidos) y enfrentarme con expectativas, proyecciones e atribuciones variadas, productos de la certeza infalible de aquellas personas que nunca han dudado pertenecer al lugar (y género) asignado al nacer.

Al igual de lo que cuentan algunas personas transexuales que no quieren ser reconocidas como tales y que notan que la compañía de otras personas trans dificulta su passing, a menudo hice la experiencia de que la forma de ser “leído” respecto a la procedencia cultural varía según quién estaba a mi lado. Curiosamente, mientras en la experiencia trans deseo ser más visible, en la dimensión transnacional me molesta que algo dificulte mi passing.

A la vez, de forma análoga a la experiencia trans, mientras nadie cuestiona el derecho –naturalizado- de encontrarse en el lugar asignado al nacer, la defensa del derecho de estar en el lugar de elección conlleva la necesidad implícita de justificación reiterada (“cómo es que te fuiste…”). Al mismo tiempo, el hecho de no querer ser identificado en la categoría asignada, para mí no significa querer adoptar automáticamente la categoría “de destino”. En este sentido, me siento más cerca de un “sin país” que de ninguna asignación nacional, al igual que me gustaría no tener que ver una V-M o una M-F en mi DNI.

A menudo he tenido oportunidad de tomar conciencia en qué medida una percepción de extrañeza respecto a mi género parecía reforzar una percepción de desconcierto en la lectura respecto a la pertenencia cultural: son aquellas personas que no saben encajar mi expresión de género que parecen necesitar “agarrarse” a la procedencia nacional como punto de referencia, preguntando por mi lugar de origen a falta de encontrar otro tema de conversación sin riesgo.

Por supuesto, al igual que en la dimensión de la identidad de género, la trayectoria sexual y la divergencia respecto a los modelos hegemónicos de relación, también respecto a la pregunta por la nacionalidad tengo una batería de respuestas preparadas (“soy de un planeta lejano”, “qué quieres, la respuesta corta o la respuesta larga” o “Cortázar tampoco sabía pronunciar la ‘r’”). Aún así, estas armas de autoafirmación subversiva no disminuyen la tristeza por las atribuciones ajenas y la aburrida necesidad de su deconstrucción continuada…

“Nadie pasa” – el título del libro que dio lugar a esta reflexión me devuelve una esperanza: como un passing perfecto es imposible, se abre todo un espacio de posibilidades para reivindicar el “no pasar”. Y todas las personas con las que me encuentro que se atreven a no pasar, todos los relatos sobre las alternativas al passing, me dan valor a continuar haciendo lo mismo…
1 Mattilda a.k.a. Matt Bernstein Sycamore (ed) (2006). Nobody passes: rejecting the rules of gender and conformity. Emeryville (CA): Seal Press.

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miércoles, 7 de julio de 2010

Octubre Trans 2010




Otro año más, Conjuntos Difusos participará en la Jornada Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans, convocada por la Red por la Despatologización Trans (Campaña STP 2012), a través de una acción que tendrá lugar en Granada el 23 de octubre de 2010.

Para participar en la preparación de la acción en Granada, ponte en contacto con: conjuntosdifusos[arroba]gmail.com.

Para más información sobre la Campaña STP 2012 y la Jornada Internacional de Lucha por la Despatologización de las Identidades Trans: http://www.stp2012.info/

Para más información sobre la acción en Granada: http://www.octubretransgranada.wordpress.com/

viernes, 25 de junio de 2010

Nota de prensa 25 de junio, Red por la Despatologización Trans

La Red por la Despatologización Trans exige que se retire el Premio Triangulo Rosa Año Trans a la UTIG de Madrid

Por un cambio del modelo de atención
en las “Unidades de Trastornos de Identidad de Género”

Desde la Red por la Despatologización Trans, recibimos con indignación la noticia de que COGAM otorga el “Premio Triángulo Rosa Año Trans” a la “Unidad de Trastornos de Identidad de Género” (UTIG) del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Consideramos muy grave que se conceda un reconocimiento de estas características a un equipo médico que trabaja en el marco de un protocolo patologizador y que expide certificados de “trastornos de la identidad de género” sin una postura crítica.
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Observamos una contradicción clara entre esta valoración positiva y la situación actual tanto de la UTIG de Madrid como de las otras unidades especializadas en el proceso de reasignación de género en el contexto español. Todavía hoy, estas Unidades no han expresado nunca su desacuerdo con el hecho de que la transexualidad esté catalogada como un trastorno mental. Lamentamos que la asociación COGAM, una asociación LGTB española, conceda el “Premio Triángulo Rosa Año Trans” a la UTIG del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y no sea capaz de reconocer el importante activismo trans español. Una de las principales exigencias del activismo trans en el mundo es que la comunidad médica deje de hablar en nombre de las personas trans, y que deje de considerarse la transexualidad como una enfermedad. Por ello nos parece muy grave simbólicamente que se conceda este premio a un equipo médico, que además no cuestiona la patologización de la transexualidad.

En un momento en el que el Gobierno español se ha comprometido a solicitar a la Organización Mundial de la Salud la eliminación de la transexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades, en las “Unidades de Trastornos de Identidad de Género” el acceso a los tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas de reasignación de género sigue dependiendo de un diagnóstico con terminología psiquiátrica. La persona trans que acude a la UTIG se encuentra expuesta a una evaluación externa sin certidumbre sobre la duración del proceso, y con un control de género por parte de algunos profesionales de esta unidad, que pueden dificultar sobremanera una relación respetuosa con el usuario. La función evaluadora del profesional de Salud Mental puede dificultar la expresión de posibles dudas y preguntas sobre el tratamiento. Constatamos que el protocolo de atención actual parte de un modelo de terapia tripartita que no recoge la diversidad de trayectorias y prioridades de tratamiento de las personas trans, además de seguir criterios diagnósticos basados en estereotipos de género obsoletos en la sociedad actual.

Por esas razones, pedimos que se retire de inmediato el “Premio Triangulo Rosa Año Trans” a la UTIG de Madrid y además se plantee urgentemente una reforma del modelo de atención seguido en las UTIG que debería incluir, pero no limitarse a un cambio de su denominación. En este sentido, demandamos:

• Un modelo de atención que no considere la transexualidad como trastorno mental o patología, sino que esté basado en el reconocimiento de la identidad de género y derecho de decisión sobre el propio cuerpo.
• El no seguimiento de los criterios diagnósticos actuales de “trastorno de identidad de género” establecidos en el DSM-IV y CIE-10.
• El libre acceso a las terapias hormonales e intervenciones quirúrgicas de reasignación de género, a través de un proceso de decisión compartida y consentimiento informado.
• Una atención personalizada que reconozca la diversidad de identidades de género y prioridades de tratamiento de las personas trans.
• La sustitución de la función evaluadora del profesional por un rol de información y acompañamiento en el proceso de tratamiento.
• La disponibilidad de un servicio de asesoramiento de carácter no obligatorio.
• La participación del movimiento trans en la elaboración de los protocolos clínicos y en la gestión de la atención sanitaria trans-específica.

Red por la Despatologización Trans, 25 de junio de 2010

Video: Manifestación Internacional de Lucha Trans e Intersex

Manifestación Internacional de Lucha Trans e Intersex

Stop Trans Pathologization

Barcelona, 5 de junio de 2010.

Organizada por: Red Internacional por la Despatologización Trans

Convocada por: TransBlock, Xarxa de Acció Trans-Intersex de BCN

Más información: http://www.stp2012.info/

miércoles, 9 de junio de 2010

Nota de prensa de STP 2012: Manifestación de lucha trans e intersex

Barcelona acogió este sábado la mayor manifestación contra la patologización de la transexualidad de la historia






Hoy, sábado 5 de junio, más de mil activistas trans de los cinco continentes se han manifestado en Barcelona para exigir la retirada de la transexualidad de los manuales de enfermedades.

En el marco del primer Congreso de Identidad de Género y Derechos Humanos que se desarrolla esta semana en Barcelona, hoy, sábado, ha tenido lugar una manifestación pública en las calles de Barcelona, convocada por la Red Internacional por la Despatologización Trans para exigir la retirada de la transexualidad de los manuales de clasificación de enfermedades.

La manifestación forma parte de la campaña STP 2012 que lucha para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) dejen de considerar la transexualidad como una enfermedad. Asimismo exigen al gobierno español la eliminación del diagnóstico de “disforia de género” y de un tratamiento médico de, al menos, dos años como requisitos para acceder al cambio de nombre y mención de sexo legal, regulado en la ley de identidad de género aprobada el 2007.

La campaña internacional por la despatologización de la transexualidad, Stop Trans Pathologization, ha tenido un alto impacto en la agenda del movimiento de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, logrando en octubre pasado manifestaciones en más de 40 ciudades de todo el mundo.

La manifestación contó con la asistencia de más de mil activistas de los cinco continentes y se desarrolló en un ambiente ampliamente participativo y culturalmente diverso. Concluyó en la Plaça de Sant Jaume con una performance y la lectura de un manifiesto a favor de los derechos humanos de las personas trans, la denuncia de la transfobia y la demanda de la despatologización de la transexualidad.


RED INTERNACIONAL POR LA DESPATOLOGIZACION TRANS